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globalcitizen.org

domingo, 15 de marzo de 2015

Antártida, la zona cero del cambio climático

Desde el terreno, ubicados al extremo norte de la Antártida, una cubierta blanca de hielo parece extenderse hasta el infinito. Lo que escapa al ojo es la batalla épica que kilómetros abajo se libra y que está redibujando el mapa de la Tierra.

El agua está licuando el hielo antártico. Lo derrite justo cuando se encuentra con el océano. Aunque la capa de hielo se derrite lentamente, en la última década se han vertido al mar unos 118.000 millones de toneladas métricas de hielo, según los satélites de la Nasa.

Eso representa más de 350.000 veces el peso del Empire State o la misma cantidad de hielo necesaria para llenar más de 1,3 millones de piscinas olímpicas. Y la tasa de descongelamiento se está acelerando.

En el peor de los casos, el deshielo podría elevar el nivel del mar hasta 10 pies (3,3 metros) en todo el mundo en uno o dos siglos y que cubra las costas que están densamente pobladas.

Partes de la Antártida se están derritiendo a una tasa tan acelerada que el continente se ha convertido en "la zona cero del cambio climático global, sin duda alguna", asegura Jerry Mitrovica, geofísico de la Universidad de Harvard.

Aquí, en la península antártica, donde el continente se está calentando más rápidamente porque la tierra se adentra a un océano cada vez más cálido, se pierden casi 45.000 millones de toneladas métricas de hielo cada año, según la Nasa.

El agua se calienta desde abajo, lo que hace que el hielo retroceda y que el aire más cálido continúe el proceso. Las temperaturas subieron 5,4 grados Fahrenheit (3 Celsius) en el último medio siglo, mucho más rápido que el promedio, dice Ricardo Jana, glaciólogo del Instituto Antártico de Chile.

Peter Convey, del British Antarctic Survey, reflexiona sobre los cambios que se pueden ver en la isla Robert, un ejemplo a pequeña escala y quizás una advertencia de lo que está sucediendo en la península y en el resto del continente.

"Yo estuve aquí hace diez años", recuerda Convey en un raro día soleado en la isla, con temperaturas apenas por encima de cero grados Celsius. "Y si comparas lo que vi entonces con ahora, la diferencia básica debido al calentamiento es que las secciones permanentes de hielo y nieve son más pequeñas. Siguen ahí, pero son más pequeñas que antes", asegura.

En la isla Robert, porciones de musgo con colores que van desde el verde fluorescente hasta rojo oxidado han crecido al tamaño de una cancha de fútbol. Aunque el 97 % de la península sigue cubierta de hielo, ahora hay valles completamente descubiertos. En otras partes, según Convey, el hielo es menos grueso y la extensión de los glaciares ha disminuido.

La bióloga Angélica Casanova se quita los guantes para recoger muestras, lo que le vuelve los dedos azules de frío. Ella no deja de notar cambios desde que comenzó a visitar la isla en 1995. Dice que cada vez hay más plantas que crecen en la tierra y rocas depositadas por la retracción de los glaciares. "Es interesante porque la vegetación en cierta forma responde positivamente, crece más. Lo lamentable es que la información científica nos dice que ha habido mucha reducción de los glaciares y eso nos preocupa".


Solo en enero, los científicos notaron en imágenes de satélite que una enorme grieta de hielo en la península llamada Larsen C había crecido 12 millas (20 km) en el 2014. Lo que es peor, la grieta afectó un tipo de banda de hielo que usualmente frena esas hendiduras.

Si sigue así, puede causar la separación de un iceberg gigantesco de hasta 2.500 millas cuadradas, señala Paul Holland, del British Antarctic Survey. Y existe la pequeña posibilidad de que eso haga desprenderse la plataforma de hielo Larsen C (aproximadamente del tamaño de Escocia), como la Larsen B lo hizo en el 2002.

Hace unos pocos años, los científicos pensaban que la Antártida en su totalidad estaba en equilibrio, sin ganar ni perder hielo. Estaban más preocupados por Groenlandia, más accesible y fácil de notar. Pero una vez que pudieron estudiar bien el fondo del mundo, el centro de sus temores cambió.

Ahora, científicos en dos estudios separados usan términos como "irreversible" e "indetenible" para hablar del deshielo al occidente de la Antártida. En la Nasa, el experto en hielos Eric Rignot indica que el derretimiento avanza más rápido que lo que nadie había pensado. "Es una señal de alarma".

Los cambios climáticos han variado los patrones de vientos alrededor del continente, empujando agua más cálida contra y debajo de la capa de hielo al occidente de la Antártida y la península. La suerte del mundo depende de cuán rápido se derrita el hielo.

Al ritmo actual, el fenómeno solamente elevaría el nivel del mar aproximadamente un tercio de milímetro al año, porque los océanos son muy vastos. Pero si toda la capa de hielo al oeste de la Antártida, que está conectada con el agua, se derrite indeteniblemente, como pronostican los expertos, no habrá tiempo para prepararse.

Si aquello sucede, ciudades costeras como Nueva York y Guangzhou pudieran enfrentar hasta un billón de dólares en daños por inundaciones en unas pocas décadas e innumerables centros poblacionales quedarían vulnerables.

Fuente: eluniverso.com