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jueves, 5 de marzo de 2015

El "chavismo" y la cultura

La creación del Ministerio de Cultura, de la Villa del Cine, el gran apoyo al Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela y a la producción cinematográfica nacional, y la aplaudida recuperación de salas, teatros y espacios culturales del Distrito Capital son algunas de las obras de la legislación del "Chavismo" en materia de cultura.

También lo son: la pérdida de autonomía de los museos nacionales, el retiro del comodato al Ateneo de Caracas, la desprofesionalización de la gestión cultural y la negación de espacios y apoyo a creadores, cultores e instituciones privadas que no compartan los ideales del partido de gobierno.

Para muchos artistas, promotores culturales y demás personas vinculadas al sector estas últimas acciones enumeradas inclinan la balanza hacia una apreciación negativa de la gestión de la tolda roja en el manejo de la cultura.

Falta un proyecto cultural

El sociólogo y gestor cultural Tulio Hernández afirma que una de las principales fallas del "Chavismo" en materia de cultura es la "discontinuidad administrativa, no ha habido un proyecto cultural de Estado ni nada equivalente; y la desprofesionalización de la gestión cultural".

Hernández explica que en los países con democracias sólidas lo que se estila hoy es el desarrollo de planes culturales para una década, ejemplos de ello son: Brasil, que tiene un plan cultural, establecido por la Ley de Cultura, que tiene que ser discutido en todo el país y sancionado por la Asamblea Nacional; y Colombia, que tuvo el plan cultural 2010.

Lo que se ha establecido en estos países vecinos "son guías para las políticas de Estado. En Venezuela en cambio en estos 15 años de 'chavismo' ha habido siete autoridades de cultura (ministros)". Y además algunos de ellos "han confesado públicamente no saber 'nada' de cultura", recuerda.

Reynaldo Iturriza actual encargado de esta cartera confesó el pasado mes de septiembre en una entrevista con el diario Últimas Noticias no saber de la materia.

A la pregunta "¿Se sintió preparado cuando lo nombraron ministro de Cultura?", respondió: "Lo primero que pensé fue: 'Yo no sé nada de cultura, por qué me van a poner ahí'. Después el Presidente me explicó sus razones".

Espacios para algunos

Otro de los aspectos que ha enlutado al sector desde que la "revolución" bolivariana llegó al poder es que quienes no comparten la ideología roja no pueden presentarse en los teatros públicos, ni reciben beneficios o subsidios por parte del Gobierno.

La presidenta del Ateneo de Caracas y del Festival Internacional de Teatro de Caracas; Carmen Ramia, asegura que el Gobierno ha asumido que "si no estás con ellos, estás en su contra, por lo tanto no tienes derecho a existir. La exclusión es muy severa".

Para Ramia este es uno de los mayores desacierto en materia de cultura: "Es algo que no puede ser, la cultura per se es incluyente, es el espacio donde todos cabemos y donde hay respeto por el otro", aclara.

La presidenta del Ateneo aplaude la recuperación de los teatros de Caracas, y la iniciativa del municipio Libertador de la capital del país de hacer un festival de teatro en el que se presenten agrupaciones de todas las regiones del territorio nacional, aunque lamenta que muchos no puedan disponer de los espacios culturales del oeste de la ciudad y que no le permitieron sumarse a la organización del encuentro teatral.


Todos los museos en una dirección

Tulio Hernández rememora que cuando el fundador del Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles de Venezuela, José Antonio "El maestro" Abreu (en la fotografía junto a Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins), estuvo a cargo del manejo de la cultura en el país (1989-1995), se le confirió "autonomía a los museo, convertidos en fundaciones, con sus propias juntas directivas, de manera que pudieran funcionar menos burocráticamente".

"Esto fue eliminado" ­continúa­, "crearon las plataformas (Fundación Museos Nacionales), que es ahora quien decide la línea de los museos, de lo que van hacer y sus programaciones".

La ex directora de Museo de Bellas Artes, María Elena Ramos, en el acoso a la cultura (Artesano Editores) indica que la liquidación de las fundaciones de Estado trajo "gravisímos retrocesos".

"Retrocesos en la autonomía gerencial y administrativa, en el proceso modernizador y descentralizador que había mostrado logros notables en la década anterior... Y un retroceso aún más profundo en cuanto a la autonomía de especialización y programación, valores usuales y ya antiguos en nuestros museos que habían facilitado el rigor en la formación de especialistas de alto nivel y abonado la credibilidad nacional e internacional de estas instituciones venezolanas", sentencia en el texto.

"Aquel respeto profesional de antigua data había sido fortalecido desde 1990 a través de las fundaciones de Estado, con sus juntas de adquisición, los consejos directivos constituidos por personalidades de la cultura nacional, el fortalecimiento de las curadurías. En este sentido la eliminación de las fundaciones significa un retroceso de 50 años", concluye Ramos.

Una "revolución" sin estética

A diferencia de la revolución rusa, la cubana o la nicaragüense, la bolivariana no ha aportado nada, estéticamente, solo hay un grupo de intelectuales y artistas que la apoyan, pero no que han generado ningún producto, nada que lleve su impronta.

"Una cosa que caracteriza a las revoluciones, sobre todo en sus primeros años, es el despertar cultural, el florecimiento cultural, la ruptura con las tradiciones estéticas anteriores; cosa que ocurrió con el cine Eisenstein (Serguéi) en la URSS o el movimiento poético de Solentiname en Nicaragua.

Aquí lo que define a los artista e intelectuales afines a la revolución no son propuestas estéticas nuevas, sino firmar documentos de apoyo a la revolución o cosas parecidas. No hubo un florecimiento cultural", concluye Tulio Hernández.

Fuente: talcualdigital.com